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    <title>El Cronista</title>
    <subtitle>El Cronista es un medio de comunicación digital especializado en economía, finanzas y negocios en Argentina.</subtitle>
    <updated>2025-11-09T17:14:43+00:00</updated>
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            Se inauguró la muestra fotográfica &quot;Mondo Salamone&quot; en la Casa de la Provincia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/11/se_inauguro_la_muestra_fotografica_mondo_salamone_en_la_casa_de_la_provincia_de_buenos_aires.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La muestra “Mondo Salamone”, que ofrece un recorrido visual por las obras del ingeniero Francisco Salamone a cargo del fotógrafo Martín Aurand, fue inaugurada en la Casa de la Provincia de Buenos Aires en la Capital Federal.<p>Según se informó, “Aurand propone descubrir la escala y geometría de los trabajos de Salamone, así como también el paisaje, la atmósfera y la vida que los rodea”.</p><p>La exposición se puede visitar de lunes a viernes de 9 a 19 horas hasta el 25 de noviembre en el Espacio Arturo Jauretche ubicado en la Casa de la Provincia, Callao 237, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita.</p>Desde 2007<p>Martín Aurand recorre y documenta la obra de Francisco Salamone desde 2007. En su web Mondo Salamone pueden encontrarse numerosas fotografías, documentos e información sobre el trabajo del arquitecto en distintos municipios bonaerenses.</p><p>En 2023 Ediciones Bonaerenses, la editorial del Gobierno de la Provincia, publicó “Ruta Salamone”, con distintos acercamientos a la obra patrimonial del ingeniero ítalo-argentino y que fue ilustrado con fotografías de Aurand.</p>La gran obra<p>Salamone planeó más de 60 edificios públicos en la provincia de Buenos Aires, en los partidos de Chascomús, Azul, Rauch, Laprida, Gonzales Chaves, Balcarce, Coronel Pringles, Tornquist, Guaminí, Saavedra y Adolfo Alsina, entre otros.</p>Reloj en el frente el Palacio Municipal de Chascomús<p>Estas obras, realizadas entre 1936 y 1940, incluyen cementerios, mataderos y palacios municipales. Sus estilos e influencias se vinculan con el art decó, el futurismo italiano, el funcionalismo y el neocolonialismo.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/11/se_inauguro_la_muestra_fotografica_mondo_salamone_en_la_casa_de_la_provincia_de_buenos_aires.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Las imágenes de Martín Aurand proponen un recorrido visual por las obras del ingeniero ítalo-argentino en territorio bonaerense. Salamone planeó, entre otros edificios públicos, el Palacio Municipal de Chascomús]]>
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            Balcarce celebra el “Encuentro Salamónico” a 128 años del nacimiento de Francisco Salamone, arquitecto del Palacio Municipal de Chascomús
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/342483177_230079786343366_4904315943750957855_n-1-1392x1392-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Este jueves 5 de junio se cumplen 128 años del nacimiento de Francisco Salamone, el ingeniero y arquitecto siciliano que dejó una huella imborrable en el paisaje urbano de la provincia de Buenos Aires y Córdoba con sus extraordinarios edificios, principalmente de estilo Art Decó. Para celebrar su legado, el Centro Cultural Salamone (CCS) de Balcarce organizará la décima edición del &#8220;Encuentro Salamónico&#8221;, que tendrá lugar el fin de semana del 13, 14 y 15 de junio. El lema de este año es &#8220;Te esperamos en Balcarce para celebrar 10 años de encuentros&#8221;, invitando a los admiradores de su obra a participar de esta especial conmemoración.</p>



<p>La conexión de Chascomús con Salamone es directa y significativa: el ingeniero fue el artífice del diseño del Palacio Municipal, construido en 1939. Este edificio, de estilo ecléctico, se destaca por su imponente hall de entrada en planta baja y un salón con cúpula central en la planta alta, albergando en su interior tanto al Poder Ejecutivo como al Legislativo local. Curiosamente, el estilo neocolonial del Palacio Municipal de Chascomús difiere de las preferencias arquitectónicas más conocidas de Salamone, quien solía combinar elementos de Art Decó y futurismo en sus obras, lo que lo convierte en una pieza singular dentro de su vasto repertorio.</p>


El Encuentro Salamónico en Balcarce


El matadero modelo donde actualmente funciona el CCS de Balcarce



<p>En Balcarce, localidad serrana que será sede del evento, Francisco Salamone dejó otras importantes obras que hoy son parte de su patrimonio: la entrada del cementerio, el matadero (donde actualmente funciona el CCS) y, en colaboración con Luis Costantini, la plaza, para la cual diseñó un mástil central con un edificio conocido como &#8220;la torta de bodas&#8221;, una confitería que lamentablemente fue demolida pero que se conserva en numerosas fotografías y para la cual existe un proyecto de reconstrucción.</p>



<p>La celebración del cumpleaños de Salamone comenzará el viernes 13 de junio con un &#8220;encuentro con alumnos y docentes del partido&#8221;. Durante la jornada, se abordará el tema &#8220;Junio, Mes del Patrimonio en Balcarce&#8221;, haciendo especial hincapié en &#8220;la obra de Salamone&#8221;, los &#8220;160 años del partido&#8221; y su &#8220;patrimonio urbano y rural&#8221;.</p>



<p>Este encuentro no solo celebra el nacimiento de un arquitecto visionario, sino que también reafirma la importancia de su legado en la identidad arquitectónica de Chascomús y de otras ciudades bonaerenses, invitando a redescubrir la magnificencia y particularidad de sus creaciones.</p>




El legado de Francisco Salamone: Luces y sombras del Ingeniero que transformó la Pampa y diseñó el Palacio Municipal de Chascomús

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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/06/342483177_230079786343366_4904315943750957855_n-1-1392x1392-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Este jueves 5 de junio se cumplen 128 años del nacimiento de Francisco Salamone, el ingeniero y arquitecto siciliano que dejó una huella imborrable en...]]>
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                <updated>2025-06-03T19:45:12+00:00</updated>
                <published>2025-06-03T19:45:06+00:00</published>
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            El legado de Francisco Salamone: Luces y sombras del Ingeniero que transformó la Pampa y diseñó el Palacio Municipal de Chascomús
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2024/06/196125947_4368706926483492_724215640481558174_n.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Por Marcelo Metayer, de Agencia DIB</p>



<p>Francisco Salamone nació en Leonforte, en el corazón de Sicilia, Italia, el 5 de junio de 1897. En 1903 su familia emigró a Argentina. Francisco estudió en el colegio técnico Otto Krause y luego en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió de ingeniero arquitecto e ingeniero civil. En esa provincia comenzó su carrera. Hizo las obras monumentales que lo harían famoso en la provincia de Buenos Aires entre 1936 y 1939. Después se dedicó a trabajos menores hasta su muerte, el 8 de agosto de 1959.</p>



<p>Hasta aquí, palabras más palabras menos, la biografía del hombre que a 65 años de su fallecimiento sigue cautivando a mucha gente. Porque el misterio Salamone continúa y hay áreas oscuras tanto en su vida como en su obra que parecen reacias a ser dilucidadas.&nbsp;</p>



<p>Otras partes de la leyenda que tanto dieron que hablar ya han caído, como la del “águila que vuela sola”, por ejemplo. Se sabe que no era ese genio aislado que realizó todas las obras en Buenos Aires solo, saltando de pueblo en pueblo en su avión. En realidad era la cabeza de un estudio, algo más parecido a un director de cine que a un loco solitario.&nbsp;</p>


El estudiante y el maestro


El portal del cementerio de Azul es considerada la obra más importante de Francisco Salamone. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>Por otro lado, los fanáticos ya no son tantos como en los “años dorados” entre 2009 y 2012. En esa época, el historiador Eduardo Lázzari -presidente de la Fundación Salamone- llenaba micros de curiosos para visitar las localidades donde hay obras del ingeniero arquitecto. Hoy en día los “sobrevivientes” se reúnen en algunos grupos de Facebook o se encuentran cuando se proyecta alguno de los documentales realizados sobre el tema, como “Las minas del rey Salamone” o “Salamone Superstar”, de Andrés Tórtola, o “Mundo Salamone”, de Ezequiel Hilbert. Precisamente a una función de esta última película asistió un arquitecto que sorprendió a todos, luego de la función, cuando contó que había trabajado con el ingeniero en sus últimos años en Buenos Aires&nbsp;</p>



Los palacios municipales, cuyas características principales son el monumentalismo y las torres que simbolizan la avanzada de la civilización sobre la barbarie o el desierto. Sobresalen como originales y emblemáticos los Palacios Municipales de Carhué, Chascomùs, Guaminí, Pellegrini, Rauch, Tornquist, Puán, Alberti, Laprida, Adolfo Gonzales Chaves, Vedia y Coronel Pringles. El Palacio Municipal de Carhué, su obra municipal más importante, fue inaugurado el 3 de diciembre de 1938, que combina tres estilos elegantemente: art decó, futurismo italiano y funcionalismo inspirado en la Escuela de la Bauhaus, fue declarado “Monumento Arquitectónico Municipal”.







<p></p>



<p>Se trata de Corradino Tenaglia, que cuando conoció a Salamone se había recibido de “maestro mayor de obras y estaba estudiando arquitectura. Me pagaba los gastos calculando hormigón. Había tenido un muy buen profesor en el Otto Krause. Tenía una persona que me pasaba en tela [planos que se usaban en la época] lo que requería el municipio de Buenos Aires y yo hacía los cálculos en las planillas. Este señor era el que le hacía las telas a Salamone y se llamaba Fidel Portovich. Trabajaba también en el ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. Yo lo iba a ver ahí, le llevaba los cálculos y él los ponía en una planilla. Él sabía que yo estaba buscando trabajo y me dijo “tengo un ingeniero que está buscando alguien de tu calibre”“.</p>



<p>Tenaglia fue al estudio “en Uruguay 1239”, recuerda lúcido casi 70 años después, y se sorprendió al ver lo que al parecer era una tradición allí. “Un gran queso Cheddar con whiskys para los que esperaban, uno nunca sabía en qué momento iba a ser llamado porque él siempre estaba reunido”. Salamone “estaba por hacer un edificio en lo que es ahora la calle Zufriátegui. Parece que le caí bien y me dice “tengo que hacer el proyecto, necesito hacer los planos, y me dijeron que vos podés ocuparte del cálculo”. Así empezamos la relación y cumplido lo de la primera etapa me pidió que controlara la parte de hormigón y terminé haciendo las instalaciones sanitarias”.</p>



<p>Dicen que Salamone era un tipo difícil. Corradino afirma que “era muy campechano pero uno sabía que había que tener cuidado porque su personalidad era fuerte. Estaba acostumbrado a dominar cantidades de gente para poder hacer esas obras”. Obras que por otra parte el entonces futuro arquitecto nunca conoció, ya que en el estudio no había una sola foto de los monumentales trabajos en la provincia de Buenos Aires. De las paredes solo colgaban pinturas art decó de Salamone, retratos que él llamaba “arquicaricaturas”.&nbsp;</p>



<p>Corradino Tenaglia recién contempló una de esas obras monumentales en 2018, cuando el ingeniero Alfredo Fushimi y el arquitecto Gabriel Lucardi, a quienes conoció junto a Hilbert, lo llevaron a Alberti. Allí la municipalidad, una escuela y la plaza fueron diseñadas por Salamone. “Me afectó muchísimo el viaje a Alberti porque vi la monumentalidad. El contacto con la obra fue maravilloso. Y por supuesto, me quedaron muchísimas ganas de ver otras variantes”, confesó.&nbsp;</p>



Corradino Tenaglia en Alberti. (Gentileza Alfredo Fushimi)


Oficio de tinieblas


<p>Las torres de Salamone se elevan hacia el cielo, más altas que las de las iglesias de los pueblos que enfrentan. Pero al contrario de éstas, apuntan hacia la noche. Son torres que parecen haber hechas para ser vistas entre tinieblas. Así lo entendió a fines de los ’90 el fotógrafo y experimentador Esteban Pastorino, que conoció las obras del ingeniero arquitecto “a través de la muestra que hizo Edward Shaw en 1997, en el Centro Cultural Borges, la primera que relevaba la obra de Salamone. Yo venía trabajando con una serie de fotografías de edificios monumentales y una amiga me dice ‘ándate a ver la muestra del Borges que es increíble la obra de ese tipo’. Yo no tenía ni idea. Fui a ver la muestra, que desde el punto de vista fotográfico no me pareció de tanto valor como, digamos, documental. Eso fue el primer paso. Después leí el artículo que había escrito Bellucci. En ese entonces no había objetivamente mucha más información. Y empecé a visitar los pueblos con la referencia que tenía de la obra de Edward Shaw”.</p>



Una de las fotografías del libro de Esteban Pastorino: el matadero de Epecuén. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>Pastorino cuenta vía telefónica que “venía trabajando con esa idea de arquitectura monumental, con edificios de distintos estilos. No tenía mucha cohesión en ese sentido. Lo abordé haciendo tomas nocturnas y utilicé un proceso que se llama goma bicromatada, un método artesanal del siglo XIX, que también tuvo mucho auge en el siglo XX con los pictorialistas americanos, y eso fue quizás lo que más se diferenciaba de lo que se había hecho. En aquellos años, ‘97, ‘98, no había nadie más que yo supiera que estaba trabajando sobre Salamone. De hecho, preguntaba a arquitectos y no lo conocían”.</p>



<p>Insiste que su única lista era “los nombres de los pueblos que había anotado en la muestra de Shaw”.</p>



<p>La primera vez que la serie de esas fotos de Salamone se vio completa fue “en el año 2002 en la fotogalería del Centro Cultural San Martín, que en esa época era curada por Juan Travnik. También la mostré en el exterior”. Pero curiosamente “nunca la llevé a los pueblos donde están las obras de Salamone.”</p>



<p>“La muestra del San Martín tuvo buena repercusión porque hubo&nbsp;una nota de Juan Forn en Página/12&nbsp;que le dio un empujón”, confiesa en referencia a uno de los textos fundacionales de la “locura salamónica”: “El misterio de la piedra líquida”, aparecido en el suplemento Radar el 2 de junio de un enfebrecido año 2002. Afirma que no volvió a exhibirla “porque lo de Salamone fue algo puntual dentro de otros proyectos que venía trabajando. Medio que quedó ahí, no te digo olvidado pero no le seguí dando mucha manija. Tampoco soy un fotógrafo de trabajar mucho en un solo tema”.</p>



<p>Sin embargo, muchos años después Esteban volvería sobre Salamone: “Hace 6, 7 años volví sobre algo que había hecho en las primeras fotos. En la serie original había unas fotos de maquetas de edificios que habían sido presentados por Salamone, como el cementerio de Lobería y la Municipalidad. Había hecho las maquetas físicas tomando de referencia los dibujos que había encontrado para esos proyectos, y fotografié las maquetas. Hace no mucho también empecé a trabajar un modelado 3D de proyectos que no se hicieron. Por ejemplo, en 2017 había mandado al Salón Nacional de Artes Visuales una municipalidad, la de Pellegrini, el proyecto que era muy distinto a lo que se terminó haciendo. El modelo 3D le da un poco más de definición o calidad. El proyecto era el mismo, recrear edificios que se proyectaron y nunca se construyeron. La idea es la misma, cambia la resolución técnica, en lugar de hacer una maqueta física hacés un modelo 3D”.</p>



<p>Desde 2018 esas fotos alucinadas se pueden disfrutar en casa. Ese año “al fin salió el libro, publicado por la editorial de la Fototeca Latinomericana. Y Juan Forn cedió el prólogo con&nbsp;una nueva versión de la nota de Página/12”.</p>


Cambio de paradigma


<p>A más de 60 años de su muerte hay nuevas miradas sobre el ingeniero arquitecto. Acerca de esto vale recordar el diálogo con DIB del arquitecto platense René Longoni, que es considerado el más importante investigador en el país de la vida y la obra de Francisco Salamone.&nbsp;</p>



<p>“Hoy ha decaído el interés por él”, afirma Longoni vía telefónica desde Mar del Plata”. “Yo diría que ha decaído también el interés académico e investigativo. Creo que hay una verdad: todo lo que está alrededor de Salamone no tiene la suficiente documentación como para que haya historia, entonces más bien lo que hay son historietas y mitos. Si Alberto Bellucci tuvo el gran mérito de haber sido de los primeros que hicieron publicaciones sobre este tema allá por 1992 [“Monumental Art Deco in the Pampas: The Urban Art of Francisco Salamone”, Journal of Decorative &amp; Propaganda Arts, Florida, EE.UU.], también tiene el mérito de haber inventado el mito. Y creo que además es posible que este mito se haya mantenido tanto tiempo por la falta de, yo diría, transparencia en la historia de Salamone, su vida personal, sus relaciones profesionales”.</p>



Edificio municipal en la localidad de Laprida. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>“Muy pocas cosas se han logrado verificar documentalmente. El mayor documento existente son las tarjetas encontradas en la municipalidad de Tornquist. Es como una suerte de álbum de figuritas, una colección de 45 perspectivas de Salamone tamaño postal con sus trabajos en la provincia de Buenos Aires, desde que empezó hasta el año ’38. Aparecen obras que fracasaron, que él hizo todo el intento por concretarlas pero por H o por B no se hicieron”, comenta el arquitecto.</p>



<p>“Para mí era un buen arquitecto, un mejor empresario, y personalmente debe haber sido un tipo insoportable. Es que lo que está registrado, realmente, en papel y letra, sus escandalosos conflictos de intereses por obras que perdía o que no le consideraban. Era un tipo de pluma filosa también”, afirma.&nbsp;</p>



El portal de entrada del cementerio de Laprida.



<p>Cuando Salamone termina sus obras monumentales en la provincia de Buenos Aires, en 1939, comienza una decadencia de 20 años hasta su muerte en la que realiza trabajos muy menores, además de pavimentación. ¿Por qué no volvió a esas maravillas? “Ésa es la pregunta del millón”, afirma Longoni. “El que la dilucide se gana el premio. No se puede dejar de observar el decaimiento, no tanto en el edificio de Alvear [y Ayacucho, CABA], pero sí en el de Zufriátegui [Vicente López], la casa de Mar del Plata, su proyecto para el monumento a San Martín en Mar del Plata. Parecen obras de otra persona”.</p>



<p>El otro gran misterio en su obra es quién llevó a cabo el proyecto más conocido de Salamone: el ángel facetado del portal del cementerio de Azul. “No lo hizo Santiago Chiérico”, asegura el arquitecto, que menciona al escultor que realizó otra obra monumental, el Cristo del camposanto de Laprida. “Yo tengo una carta del hijo en que dice que el padre hizo el Cristo de Laprida y a partir de ahí las distintas variantes. Su participación se redujo a eso y entregó además el molde del Cristo de estudio”&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Todos estos claroscuros “alimentan esta pasión por investigar, que es como la de los investigadores policiales, que tienen crímenes de hace 20, 30 años y andan buscando datitos”, finaliza Longoni. (DIB) MM</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2024/06/196125947_4368706926483492_724215640481558174_n.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Marcelo Metayer, de Agencia DIBFrancisco Salamone nació en Leonforte, en el corazón de Sicilia, Italia, el 5 de junio de 1897. En 1903 su familia...]]>
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                <updated>2024-06-05T14:44:39+00:00</updated>
                <published>2024-06-05T14:00:15+00:00</published>
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            Camino al cielo: las alineaciones astronómicas de las obras de Francisco Salamone
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<p>Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB</p>



<p>Cuatro veces al año el calendario marca un evento especial. Cada seis meses el día y la noche duran lo mismo, doce horas: son los equinoccios. Y en el medio, el recorrido del Sol en el cielo llega a su límite: son los solsticios. Esos fenómenos llamaron la atención de los hombres desde tiempos inmemoriales, que intentaron señalarlos en sus calendarios primitivos. Así, levantaron piedras y dejaron señales, muchas de las cuales todavía se pueden ver. Pero hay marcas de este tipo que fueron realizadas en tiempos más modernos y que son prácticamente desconocidas. Una de ellas está en la provincia de Buenos Aires, en la ciudad de Laprida. El 21 de marzo y el 21 de septiembre, si el visitante se para al frente del ciclópeo portal del cementerio diseñado por Francisco Salamone, verá salir el astro rey alineado exactamente con la diagonal que llega desde la avenida San Martín. No es la única señal astronómica que dejó el enigmático ingeniero, del que hoy en día se desconocen, todavía, muchas cosas.&nbsp;</p>



<p>La alineación del portal del cementerio lapridense con el Sol durante los equinoccios le fue revelada a este cronista durante unas jornadas salamónicas allá por 2014. No se puede hablar de casualidad: Salamone modificó la ubicación de la entrada del camposanto -el acceso original quedó a un costado con su magnificencia decimonónica- y mandó construir la diagonal que conduce a los pies de la cruz de más de 30 metros de altura.&nbsp;</p>



<p>En los equinoccios, además de que los días duran lo mismo, el Sol sale y se pone en puntos diametralmente opuestos en el horizonte. Así que el ocaso es otro momento dramático, con el astro ocultándose detrás de la entrada del cementerio si se lo mira desde la diagonal.&nbsp;</p>



<p>En el momento de conocer este dato, a primera vista tan curioso, apareció la idea de dilucidar si este cementerio era el único lugar de los creados por el ingenio de Salamone donde se cumplía una alineación astronómica. Hay varias herramientas informáticas que permiten calcular con absoluta precisión la posición de un objeto celeste en cualquier momento dado. Cuando esos programas fueron aplicados con este propósito salamónico aparecieron dos eventos más, también relacionados con cementerios, y que seguramente fueron imposibles de descubrir para los contemporáneos.</p>



<p>El complejo de obras salamónicas de Laprida, que incluyen el cementerio, el edificio municipal, el corralón, el matadero y la plaza Pedro Pereyra, se terminó de levantar hacia 1938. Mientras tanto, se construía bajo la dirección del ingeniero en muchos otros distritos bonaerenses.</p>


Mirada hacia el ocaso


<p>En Azul está la que quizás sea la obra más famosa de Salamone: el portal del cementerio, con la figura hierática del arcángel San Miguel. La estatua, a la que todavía muchos llaman erróneamente “el ángel exterminador”, también tiene la mirada hacia un punto determinado del cielo en una fecha precisa. Se trata del equinoccio, como en Laprida, pero con la particularidad de que está orientado al revés. Es decir, el rostro del ángel mira hacia el Sol poniente, y se alinea con suma precisión tanto el 21 de marzo como el 21 de septiembre.&nbsp;</p>







<p>La otra obra de Francisco Salamone con vinculación astronómica es el portal del cementerio de Saldungaray, un pequeño pueblo en el partido de Tornquist. Esta construcción monumental consiste en un disco con una cruz y la cabeza de un Cristo doliente en la intersección de los brazos vertical y horizontal. Es una figura que ha merecido muchas interpretaciones a lo largo de las décadas; una de ellas afirma que el círculo y la cruz representan una ruleta estilizada, y simbolizan el calvario del mismo Salamone, adicto a los juegos de azar.&nbsp;</p>



<p>Pero el autor de esta nota arriesga otra hipótesis que tiene que ver con la manera en que el portal aparece alineado con el Sol en un momento muy particular del año. En efecto, alrededor del 21 de junio, el solsticio de invierno en el hemisferio sur, el astro rey desaparece justo frente al portal de la necrópolis de Saldungaray. En las cosmologías de los pueblos antiguos, el solsticio de invierno era visto como el momento de la muerte y resurrección del Sol, ya que se trata del día más corto del año, y a partir del amanecer siguiente la luz solar comienza a durar más.</p>



<p>Entonces, es posible que el disco de hormigón armado de Saldungaray represente al Sol que muere y resucita, como Cristo.</p>


Mensaje secreto y discreto


<p>Más arriba se afirma que se sabe muy poco de Salamone. Se han perdido prácticamente todas sus notas sobre sus obras y por eso hay tanta especulación. Una de las preguntas que muchos se hacen es si el ingeniero, como muchas personalidades de la época, estaba iniciado en la masonería. Sus obras, cargadas de extrañeza, parecen en algunos casos representar algo secreto, solo accesible al que tenga la llave de ese conocimiento. Como, por ejemplo, la inescrutable expresión del arcángel de Azul, o el recién mencionado disco de Saldungaray.&nbsp;</p>



<p>Si se tiene en cuenta la veneración que tienen los masones por la geometría y la astronomía, se puede pensar que alguna vinculación existe entre esta sociedad secreta -o, mejor dicho, discreta- y el pensamiento salamónico. Y que de allí nacen las alineaciones de las portadas de estos cementerios con los solsticios y los equinoccios.&nbsp;</p>



<p>Quizás, llevando un paso más allá estas especulaciones, falta una tercera etapa del conocimiento salamónico. En un primer momento se construyeron las obras y se encerró un posible mensaje; ahora, gracias a la informática, se hallaron las alineaciones de los portales; y en un hipotético futuro se encontrará el “texto” encerrado.&nbsp;</p>



<p>Todo es posible. Mientras tanto, en seis meses ocurrirá de nuevo: el equinoccio de otoño el Sol volverá a alinearse con los cementerios de Laprida -al amanecer- y Azul -al ocaso. Y tres meses después, morirá frente al disco de Saldungaray. El ciclo seguirá, eterno. (DIB) MM</p>
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                <updated>2023-10-27T07:40:56+00:00</updated>
                <published>2023-10-27T07:40:52+00:00</published>
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            El tiempo recobrado: el Gobierno nacional trabaja para restaurar las obras de Francisco Salamone
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2022/09/info_torres-01.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB</p>



<p>Mil novecientos treinta y ocho: el tranquilo pueblo que se levanta en las tierras de don Pedro Saldungaray, a la vera de la vía Olavarría – Coronel Pringles, da un salto a la modernidad con su delegación municipal de líneas rectas y ángulos diedros, su mercado, su gigantesca rueda en la entrada del camposanto en cuyo centro un Cristo coronado de espinas mira hacia el pasado y el futuro como un Jano del siglo XX. Mil novecientos noventa y seis: Ed Shaw y su hijo Tom se encuentran con la rueda mientras recorren el mar verde bonaerense en busca de las obras del “loco de las torres”, Francisco Salamone, y la encuentran derruida, con gran parte de los cerámicos azules cielo caídos y desaparecidos. Dos mil nueve: un fotógrafo baja del tren en Saldungaray después de doce horas de viaje y camina las cuadras que lo separan de la rueda, para encontrarse con una vista impresionante y con los hierros del hormigón de los brazos de la cruz a la vista; el tiempo sigue haciendo estragos en un monumento que, de todos modos, está más allá de los eones.</p>



<p>Como todas las obras creadas por la inventiva del ingeniero siciliano, el portal del cementerio de Saldungaray sufrió los embates del paso de los años. En las décadas transcurridas desde los años ‘30 hubo muchos intentos de restauración de las construcciones salamónicas. Algunas salieron bien, otras no tanto. Ahora, el Gobierno nacional quiere recuperar este patrimonio arquitectónico único que enjoya a las provincias de Buenos Aires -en su mayor parte- y Córdoba.&nbsp;</p>



<p>En su primera etapa, el Ministerio de Obras Públicas de la Nación (MOP) invertirá casi 340 millones de pesos en diez localidades bonaerenses. En su totalidad, el programa plantea un gasto total de 505 millones de pesos e incluye también a dos obras en la provincia de Córdoba: la restauración del primer palacio municipal de Las Varillas, por $ 41,8 millones, y la puesta en valor de la Plaza Centenario, en Villa María, por $ 127 millones de pesos.</p>



<p>Las localidades de la provincia de Buenos Aires incluidas en el plan de restauración son Adolfo González Chaves, Adolfo Alsina, Coronel Pringles, Rauch, Azul, Balcarce, Alberti, Tornquist, Saldungaray, Guaminí y Pellegrini.&nbsp;</p>



<p>Según se informa desde el ministerio, “las obras están enmarcadas en un plan general de Infraestructura Patrimonial del MOP que comprende 117 obras y proyectos en distintas provincias del país, con el objetivo de contribuir a la preservación y puesta en valor de los bienes patrimoniales que hacen a la cultura e identidad nacional”.</p>







<p>“En este sentido”, agregan, “se brinda asesoramiento, apoyo técnico y financiero para intervenciones a nivel nacional, provincial y local que apunten a preservar el patrimonio de los pueblos y ciudades, intervenir en obras emblemáticas y fortalecer las capacidades institucionales para su gestión”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Una por una&nbsp;</p>



<p>Las obras en la provincia de Buenos Aires que están alcanzadas por la primera parte del programa, incluyendo la inversión que se realizará, son:</p>



puesta en valor del palacio municipal de la ciudad de Adolfo González Chaves: $ 17,6 millones.conservación y restauración del palacio municipal en la ciudad de Adolfo Alsina, etapa 1: $ 47 millones.restauración y conservación de la rambla y la Plaza Juan Pascual Pringles en el municipio de Coronel Pringles: $ 48,5 millones.puesta en valor de envolvente del palacio municipal en el municipio de Rauch: $ 29,5 millones.restauración de la portada del cementerio municipal de Azul: $ 36,6 millones.restauración de la Plaza Libertad del municipio de Balcarce, etapa 1: $ 23,3 millones.restauración del eje cívico-monumental Salamone &#8211; plaza General Arias &#8211; palacio municipal en la ciudad de Alberti: $ 39,2 millones.puesta en valor del matadero municipal del municipio de Guaminí: $ 30,1 millones.conservación y restauración del portal del cementerio de Saldungaray en el municipio de Tornquist: $ 40 millones.puesta en valor del palacio municipal de la ciudad de Pellegrini: $ 25 millones.



<p>Justicia poética</p>



<p>Francisco Salamone, con un equipo de gente increíblemente capaz, proyectó más de 60 edificios en 25 municipios de la provincia de Buenos Aires entre 1936 y 1940. Antes construyó el matadero de Villa María y la municipalidad de Las Varillas, en Córdoba, provincia donde además militó en el radicalismo y se cree -versión que todavía espera confirmación- que fue precandidato a senador provincial.&nbsp;</p>



<p>Los edificios bonaerenses de Salamone, levantados durante la gobernación de Manuel Fresco, revolucionaron la arquitectura de pueblos tan pequeños como Saldungaray, que hoy anda por los 1.500 habitantes, o ciudades tan vitales como Azul, con 70.000. Su estilo es inconfundible, pero es más difícil de definir: se habla de art decó, expresionismo, futurismo. Hay quien llama al ingeniero “Gaudí de las pampas”, pero lo cierto es que le queda mejor el apodo antes citado, el de “loco de las torres”. Tomó la idea de la municipalidad de La Plata, con su elevado reloj central, y lo llevó al paroxismo.&nbsp;</p>



<p>El material de las construcciones de Salamone, el hormigón armado que constituía una novedad para el momento, demostró ser de muy buena calidad. No hay más que darse una vuelta por las ruinas de Epecuén, en Adolfo Alsina, y ver cómo el matadero, que pasó añares bajo las aguas salinas de la laguna, continúa en pie.&nbsp;</p>



<p>De todos modos, muchas de las obras necesitan ser restauradas y puestas en valor. Las superficies de las municipalidades se han ido deteriorando, los enormes portales de cementerios, golpeados por los vientos de la llanura, se fueron rompiendo.&nbsp;</p>



<p>La posta la tiene ahora el Ministerio de Obras Públicas. Ya se comenzó a trabajar, por ejemplo, en Pellegrini. Habrá que ver cómo siguen las otras construcciones. Y con suerte, este cronista llega a ver cómo la espada del arcángel San Miguel en la entrada del cementerio de Azul recupera su punta, quebrada desde hace muchos años. Ocho décadas después de ser construidas, las obras de Francisco Salamone se merecen esa justicia. (DIB) MM</p>
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                <updated>2022-09-23T16:01:44+00:00</updated>
                <published>2022-09-23T16:01:14+00:00</published>
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            Un Cristo Apolo bajo las estrellas: la foto que revela (y rebela) a Francisco Salamone
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://elcronistacdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2022/09/salamone-fushimi-foto-ganadora.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>Por Marcelo Metayer para la Agencia DIB</p>



<p>Si, como escribió Berkeley, “ser es ser percibido” (esse est percipi), el “ser” de Francisco Salamone parece que es “ser fotografiado”. Imágenes de las obras que el ingeniero repartió por toda la provincia de Buenos Aires y en Córdoba inundan las redes. Y el último concurso cuyo tema fueron estas construcciones, llamado “Revelando a Salamone”, fue un éxito rotundo, con 323 fotos de 120 participantes. “Uno cree que Salamone no le interesa a tanta gente, pero que 120 personas se arriesguen a concursar en un certamen así me demuestra que estoy equivocado, por suerte”, aseguró Alfredo Fushimi, ganador del concurso en la categoría Color, gran conocedor de la particular obra del profesional siciliano y exquisito “hobbista” de la fotografía que empezó a recorrer la provincia hace solo cinco años.</p>



<p>Fushimi, ingeniero civil y que forma parte del grupo de fans Los Testigos de Salamone junto a Gabriel Lucardi, Uli Hancke y este cronista, habló con DIB de los pormenores de la foto ganadora y sus comienzos en la actividad.</p>



<p>El concurso Revelando a Salamone fue organizado por el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires Distrito 5, o CAPBA 5. ¿Qué se siente como ingeniero vencer en un concurso organizado por arquitectos?</p>



<p>-Me siento halagado y a la vez siento que el destino me tiró un búmeran con bastante efecto y con curva, debido a mis constantes ironías respecto a ellos. Porque como no me canso de decirlo estoy rodeado de arquitectos, tanto en mi familia como por el tema laboral.</p>



<p>¿Cuál es la historia de la foto ganadora?</p>



<p>-En uno de los tantos viajes que hice con Uli Hancke fuimos a Laprida. Era agosto de 2019, una de las últimas veces que estuve allí. Yo estaba obsesionado con hacer fotos nocturnas, pero no de las que aparece la Vía Láctea ni las que se “mueven” las estrellas. Quería hacer una nocturna con el cielo limpio de Laprida, aprovechando lugares donde haya oscuridad. Tanto el matadero como el portal del cementerio no son absolutamente oscuros, pero dentro de lo que es la obra de Salamone son lugares donde, con una exposición de 15 o 30 segundos, se puede llegar a captar un cielo muy limpio. En la ciudad no hay nada que contamine el cielo, y tanto el matadero como el cementerio están alejados del centro.</p>



<p>Yo tenía la idea de hacer fotos nocturnas con las estrellas que salgan y que se vea lo más claramente posible la obra de Salamone. No quería hacer la típica foto del frente del portal, sino que quería buscarle la vuelta a algún tipo de mirada distinta. Entonces puse la cámara con un gran angular, lo que te permite tomar de cerca con una gran amplitud de espacio. Había estado mirando un poco y se me ocurrió ésta toma en particular, que podría llegar a ser interesante. Es sabido que una cosa es mirar la foto en la pantalla de la cámara una vez que se la sacó, otra cosa verla en la en la pantalla de la computadora cuando uno la va a editar. Así que esa foto me parecía interesante aunque siempre la dejaba, porque son muy pocas las veces que consigo tener una visión de lo que quiero hacer antes de ir a sacar la foto. Generalmente intuyo que por ahí hay algo que valga la pena y después le doy la vuelta, y éste fue ese caso. Con todo el tiempo que la dejé, cada vez que la miraba es como que fui teniendo una visión más clara de lo que quería hacer. Quería que mi vista se dirigiera hacia el Cristo Apolo y hacia las estrellas. Tenía que armar como una especie de pista de lanzamiento para la mirada y eso es lo que finalmente terminé consiguiendo en la foto.</p>



<p>¿No fue planificada entonces?</p>



<p>-No, no tengo mucha capacidad proyectiva. Esta foto se fue armando porque la dejé y cada vez que la veía se me iba ocurriendo como la podía ir haciendo. No tenía una visión previa.</p>



<p>¿Forma parte de una serie? ¿Sacaste varias fotos en el mismo lugar, las miraste y dijiste ‘ésta es la que sirve’?</p>



<p>-No saqué muchas. Por lo general no saco muchas fotos de una misma escena. Esta es única, está esa y después tengo otra toma hecha más del costado del cementerio. De esa noche tengo más fotos del matadero, aunque en ese lugar hay una luz de calle que te complica bastante las imágenes de larga exposición.</p>



<p>En una foto de la entrada del cementerio de Laprida tomada por Gabriel Lucardi hace pocos días, vi que el Cristo tiene iluminado el cartel que dice INRI, con lo cual mi foto hubiera sido totalmente imposible.</p>



<p>¿Qué otras fotos enviaste al concurso?</p>



<p>-Otra del portal de Laprida. Yo nunca borro los cables de las fotos, y tomé una foto en la que Jesús parece una marioneta manejada por las manos de Dios que manejan los cables, con un cielo nublado, plomizo, post crucifixión.</p>



Portal del cementerio de Laprida. (Gentileza Alfredo Fushimi)



<p>La otra fotografía que mandé es una del matadero de Epecuén, tomada un día de enero muy caluroso, a la tarde, hora muy complicada para sacar la foto. La saqué desde muy lejos, con un gran angular. Unas nubes te llevan al matadero, igual que unos árboles en los costados. Todo te señala hacia allí: el camino, las nubes, los árboles.</p>



Matadero de Epecuén. (Gentileza Alfredo Fushimi)



<p>Las obras de Francisco Salamone parecen haber sido hechas para ser fotografiadas.</p>



<p>-Uno cree que Salamone no le interesa a tanta gente. Pero que 120 personas se arriesguen a concursar en algo así me demuestra que estoy equivocado. Por suerte. Que tanta gente se haya tomado el trabajo de tomar fotos con ciertas condiciones técnicas me llama la atención. Ojo: creo que los concursos son una cosa, los sitios de fans de Salamone son otra. Allí el público se renueva, pero creo que ese público no es el mismo que específicamente va a hacer fotos. Ése es mucho más específico.</p>



<p>¿Cómo nace tu interés por Salamone y qué relación tiene con tu entrada en la fotografía?</p>



<p>-Yo pertenezco a una generación que siempre llegó cuando la fiesta había terminado. Estaba en segundo grado cuando se separaron los Beatles y explotaban Almendra, Manal, Moris. Cuando empecé a escuchar esas bandas siempre me encontraba con tipos que tenían diez años más que yo que me decían “ah, pero vos no viste en vivo a Almendra”. Mi interés por Salamone también nació tardíamente. En 2017, después de ver una Canon réflex que tenía un amigo, me compré una. Antes había usado un par de cámaras compactas. Con la réflex nueva y el lente de kit 18-55 me fui a visitar a unos amigos en Sierra de la Ventana. El primer lugar al que me llevaron fue al portal del cementerio de Saldungaray. Allí tomé, en un atardecer-noche, fotos sin trípode con largas exposiciones que aún hoy me gustan. Y sin saber nada. La suerte de los principiantes, dirían los que van al casino. A partir de ahí me enganché a hacer fotos, con la obra de Salamone de entrada.</p>



Cementerio de Saldungaray, una de las primeras fotos del ganador de Revelando a Salamone. (Gentileza Alfredo Fushimi)



<p>Era la primera vez que estaba en contacto en vivo con la obra de Salamone. Mi tío Guy Van Beeck (NdR: un arquitecto belga que incluyó a Francisco Salamone en su Diccionario de la Arquitectura del Siglo XX) me había mostrado en 2008 fotos de Salamone y mi respuesta fue “ah, qué lindo”. En ese momento estaba a full con el trabajo de ingeniero y no me hacía tiempo para otra cosa. Así que nunca le di importancia. Tampoco vi la muestra de los Shaw en el Centro Cultural Borges de 2007: a mí me persigue la maldición de llegar tarde a todos lados.</p>



<p>Solo pasaron cinco años de eso que contás. Quien ve tus fotos ahora piensa “este tipo fue fotógrafo toda la vida”. ¿De dónde pensás que viene esta cuestión estética?</p>



<p>-No tengo facilidad natural para nada. Si tengo que valorar una cualidad en mí, es el esfuerzo que le pongo a todo lo que me gusta. Tocar la guitarra me ha costado horrores, aprender a tocar el piano también. Pero con las cosas que me gustan trato de ir lo más a fondo que puedo. Con la fotografía me pasa lo mismo. Yo soy “hobbista”. Viste que cuando vas a la casa de venta de materiales tenés herramientas para profesionales y para hobbistas. Bueno, yo estoy con la motosierra para hobbistas. (DIB) MM</p>
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                <updated>2022-09-20T10:16:24+00:00</updated>
                <published>2022-09-20T10:04:03+00:00</published>
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            Luces y sombras de Francisco Salamone, el ingeniero que cambió la Pampa
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<p>Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB</p>



<p>Francisco Salamone nació en Leonforte, en el corazón de Sicilia, Italia, el 5 de junio de 1897. En 1903 su familia emigró a Argentina. Francisco estudió en el colegio técnico Otto Krause y luego en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió de ingeniero arquitecto e ingeniero civil. En esa provincia comenzó su carrera. Hizo las obras monumentales que lo harían famoso en la provincia de Buenos Aires entre 1936 y 1939. Después se dedicó a trabajos menores hasta su muerte, el 8 de agosto de 1959.</p>



<p>Hasta aquí, palabras más palabras menos, la biografía del hombre que a 60 años de su fallecimiento sigue cautivando a mucha gente. Porque el misterio Salamone continúa y hay áreas oscuras tanto en su vida como en su obra que parecen reacias a ser dilucidadas.&nbsp;</p>



El portal del cementerio de Azul es considerada la obra más importante de Francisco Salamone. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>Otras partes de la leyenda que tanto dieron que hablar ya han caído, como la del “águila que vuela sola”, por ejemplo. Se sabe que no era ese genio aislado que realizó todas las obras en Buenos Aires solo, saltando de pueblo en pueblo en su avión. En realidad era la cabeza de un estudio, algo más parecido a un director de cine que a un loco solitario.&nbsp;</p>


El estudiante y el maestro


<p>Por otro lado, los fanáticos ya no son tantos como en los “años dorados” entre 2009 y 2012. En esa época, el historiador Eduardo Lázzari -presidente de la Fundación Salamone- llenaba micros de curiosos para visitar las localidades donde hay obras del ingeniero arquitecto. Hoy en día los “sobrevivientes” se reúnen en algunos grupos de Facebook o se encuentran cuando se proyecta alguno de los documentales realizados sobre el tema, como “Las minas del rey Salamone” o “Salamone Superstar”, de Andrés Tórtola, o “Mundo Salamone”, de Ezequiel Hilbert. Precisamente a una función de esta última película asistió el año pasado un arquitecto que sorprendió a todos, luego de la función, cuando contó que había trabajado con el ingeniero en sus últimos años en Buenos Aires&nbsp;</p>



<p>Se trata de Corradino Tenaglia, que cuando conoció a Salamone se había recibido de “maestro mayor de obras y estaba estudiando arquitectura. Me pagaba los gastos calculando hormigón. Había tenido un muy buen profesor en el Otto Krause. Tenía una persona que me pasaba en tela [planos que se usaban en la época] lo que requería el municipio de Buenos Aires y yo hacía los cálculos en las planillas. Este señor era el que le hacía las telas a Salamone y se llamaba Fidel Portovich. Trabajaba también en el ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. Yo lo iba a ver ahí, le llevaba los cálculos y él los ponía en una planilla. ??l sabía que yo estaba buscando trabajo y me dijo&nbsp;“tengo un ingeniero que está buscando alguien de tu calibre”“.</p>



<p>Tenaglia fue al estudio “en Uruguay 1239”, recuerda lúcido casi 70 años después, y se sorprendió al ver lo que al parecer era una tradición allí. “Un gran queso Cheddar con whiskys para los que esperaban, uno nunca sabía en qué momento iba a ser llamado porque él siempre estaba reunido”. Salamone “estaba por hacer un edificio en lo que es ahora la calle Zufriátegui. Parece que le caí bien y me dice “tengo que hacer el proyecto, necesito hacer los planos, y me dijeron que vos podés ocuparte del cálculo”. Así empezamos la relación y cumplido lo de la primera etapa me pidió que controlara la parte de hormigón y terminé haciendo las instalaciones sanitarias”.</p>



<p>Dicen que Salamone era un tipo difícil. Corradino afirma que “era muy campechano pero uno sabía que había que tener cuidado porque su personalidad era fuerte. Estaba acostumbrado a dominar cantidades de gente para poder hacer esas obras”. Obras que por otra parte el entonces futuro arquitecto nunca conoció, ya que en el estudio no había una sola foto de los monumentales trabajos en la provincia de Buenos Aires. De las paredes solo colgaban pinturas art decó de Salamone, retratos que él llamaba “arquicaricaturas”.&nbsp;</p>



<p>Corradino Tenaglia recién contempló una de esas obras monumentales en 2018, cuando el ingeniero Alfredo Fushimi y el arquitecto Gabriel Lucardi, a quienes conoció junto a Hilbert, lo llevaron a Alberti. Allí la municipalidad, una escuela y la plaza fueron diseñadas por Salamone. “Me afectó muchísimo el viaje a Alberti porque vi la monumentalidad. El contacto con la obra fue maravilloso. Y por supuesto, me quedaron muchísimas ganas de ver otras variantes”, confesó.&nbsp;</p>



Corradino Tenaglia en Alberti. (Gentileza Alfredo Fushimi)


Oficio de tinieblas


<p>Las torres de Salamone se elevan hacia el cielo, más altas que las de las iglesias de los pueblos que enfrentan. Pero al contrario de éstas, apuntan hacia la noche. Son torres que parecen haber hechas para ser vistas entre tinieblas. Así lo entendió a fines de los ’90 el fotógrafo y experimentador Esteban Pastorino, que conoció las obras del ingeniero arquitecto “a través de la muestra que hizo Edward Shaw en 1997, en el Centro Cultural Borges, la primera que relevaba la obra de Salamone. Yo venía trabajando con una serie de fotografías de edificios monumentales y una amiga me dice ‘ándate a ver la muestra del Borges que es increíble la obra de ese tipo’. Yo no tenía ni idea. Fui a ver la muestra, que desde el punto de vista fotográfico no me pareció de tanto valor como, digamos, documental. Eso fue el primer paso. Después leí el artículo que había escrito Bellucci. En ese entonces no había objetivamente mucha más información. Y empecé a visitar los pueblos con la referencia que tenía de la obra de Edward Shaw”.</p>



Una de las fotografías del libro de Esteban Pastorino: el matadero de Epecuén. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>Pastorino cuenta vía telefónica que “venía trabajando con esa idea de arquitectura monumental, con edificios de distintos estilos. No tenía mucha cohesión en ese sentido. Lo abordé haciendo tomas nocturnas y utilicé un proceso que se llama goma bicromatada, un método artesanal del siglo XIX, que también tuvo mucho auge en el siglo XX con los pictorialistas americanos, y eso fue quizás lo que más se diferenciaba de lo que se había hecho. En aquellos años, ‘97, ‘98, no había nadie más que yo supiera que estaba trabajando sobre Salamone. De hecho, preguntaba a arquitectos y no lo conocían”.</p>



<p>Insiste que su única lista era “los nombres de los pueblos que había anotado en la muestra de Shaw”.</p>



<p>La primera vez que la serie de esas fotos de Salamone se vio completa fue “en el año 2002 en la fotogalería del Centro Cultural San Martín, que en esa época era curada por Juan Travnik. También la mostré en el exterior”. Pero curiosamente “nunca la llevé a los pueblos donde están las obras de Salamone.”</p>



<p>“La muestra del San Martín tuvo buena repercusión porque hubo&nbsp;una nota de Juan Forn en Página/12&nbsp;que le dio un empujón”, confiesa en referencia a uno de los textos fundacionales de la “locura salamónica”: “El misterio de la piedra líquida”, aparecido en el suplemento Radar el 2 de junio de un enfebrecido año 2002. Afirma que no volvió a exhibirla “porque lo de Salamone fue algo puntual dentro de otros proyectos que venía trabajando. Medio que quedó ahí, no te digo olvidado pero no le seguí dando mucha manija. Tampoco soy un fotógrafo de trabajar mucho en un solo tema”.</p>



<p>Sin embargo, muchos años después Esteban volvería sobre Salamone: “Hace 6, 7 años volví sobre algo que había hecho en las primeras fotos. En la serie original había unas fotos de maquetas de edificios que habían sido presentados por Salamone, como el cementerio de Lobería y la Municipalidad. Había hecho las maquetas físicas tomando de referencia los dibujos que había encontrado para esos proyectos, y fotografié las maquetas. Hace no mucho también empecé a trabajar un modelado 3D de proyectos que no se hicieron. Por ejemplo, en 2017 había mandado al Salón Nacional de Artes Visuales una municipalidad, la de Pellegrini, el proyecto que era muy distinto a lo que se terminó haciendo. El modelo 3D le da un poco más de definición o calidad. El proyecto era el mismo, recrear edificios que se proyectaron y nunca se construyeron. La idea es la misma, cambia la resolución técnica, en lugar de hacer una maqueta física hacés un modelo 3D”.</p>



<p>Desde 2018 esas fotos alucinadas se pueden disfrutar en casa. Ese año “al fin salió el libro, publicado por la editorial de la Fototeca Latinomericana. Y Juan Forn cedió el prólogo con&nbsp;una nueva versión de la nota de Página/12”.</p>


Cambio de paradigma


<p>A 60 años de su muerte hay nuevas miradas sobre el ingeniero arquitecto. Acerca de esto habló con DIB el arquitecto platense René Longoni, que es considerado el más importante investigador en el país de la vida y la obra de Francisco Salamone.&nbsp;</p>



<p>“Hoy ha decaído el interés por él”, afirma Longoni vía telefónica desde Mar del Plata”. “Yo diría que ha decaído también el interés académico e investigativo. Creo que hay una verdad: todo lo que está alrededor de Salamone no tiene la suficiente documentación como para que haya historia, entonces más bien lo que hay son historietas y mitos. Si Alberto Bellucci tuvo el gran mérito de haber sido de los primeros que hicieron publicaciones sobre este tema allá por 1992 [“Monumental Art Deco in the Pampas: The Urban Art of Francisco Salamone”, Journal of Decorative &amp; Propaganda Arts, Florida, EE.UU.], también tiene el mérito de haber inventado el mito. Y creo que además es posible que este mito se haya mantenido tanto tiempo por la falta de, yo diría, transparencia en la historia de Salamone, su vida personal, sus relaciones profesionales”.</p>



Edificio municipal en la localidad de Laprida. (DIB | Marcelo Metayer)



<p>“Muy pocas cosas se han logrado verificar documentalmente. El mayor documento existente son las tarjetas encontradas en la municipalidad de Tornquist. Es como una suerte de álbum de figuritas, una colección de 45 perspectivas de Salamone tamaño postal con sus trabajos en la provincia de Buenos Aires, desde que empezó hasta el año ?38. Aparecen obras que fracasaron, que él hizo todo el intento por concretarlas pero por H o por B no se hicieron”, comenta el arquitecto.</p>



<p>“Para mí era un buen arquitecto, un mejor empresario, y personalmente debe haber sido un tipo insoportable. Es que lo que está registrado, realmente, en papel y letra, sus escandalosos conflictos de intereses por obras que perdía o que no le consideraban. Era un tipo de pluma filosa también”, afirma.&nbsp;</p>





<p>Cuando Salamone termina sus obras monumentales en la provincia de Buenos Aires, en 1939, comienza una decadencia de 20 años hasta su muerte en la que realiza trabajos muy menores, además de pavimentación. ¿Por qué no volvió a esas maravillas? “??sa es la pregunta del millón”, afirma Longoni. “El que la dilucide se gana el premio. No se puede dejar de observar el decaimiento, no tanto en el edificio de Alvear [y Ayacucho, CABA], pero sí en el de Zufriátegui [Vicente López], la casa de Mar del Plata, su proyecto para el monumento a San Martín en Mar del Plata. Parecen obras de otra persona”.</p>



<p>El otro gran misterio en su obra es quién llevó a cabo el proyecto más conocido de Salamone: el ángel facetado del portal del cementerio de Azul. “No lo hizo Santiago Chiérico”, asegura el arquitecto, que menciona al escultor que realizó otra obra monumental, el Cristo del camposanto de Laprida. “Yo tengo una carta del hijo en que dice que el padre hizo el Cristo de Laprida y a partir de ahí las distintas variantes. Su participación se redujo a eso y entregó además el molde del Cristo de estudio”&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Todos estos claroscuros “alimentan esta pasión por investigar, que es como la de los investigadores policiales, que tienen crímenes de hace 20, 30 años y andan buscando datitos”, finaliza Longoni. (DIB) MM</p>
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                <updated>2022-08-08T20:47:11+00:00</updated>
                <published>2022-08-08T20:46:30+00:00</published>
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